Palabras para el funeral de mi esposo o esposa, con ejemplos
De todos los que estarán allí, ustedes eran quienes mejor lo o la conocían, y quizá les cueste más que a nadie hablar. Esta guía es para viudas y viudos, y para los hijos y amigos que hablan de una pareja.
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Lo básico (duración, estructura, cómo leerlo en voz alta) está en cómo escribir un discurso fúnebre. Esta página trata de su esposo o su esposa.
¿Hay que hablar en el funeral del esposo o la esposa?
No. Nadie lo espera, y muchas viudas y muchos viudos no hablan. Otros quieren hacerlo y, esa misma mañana, descubren que no les sale la voz. Se pueden preparar para las dos cosas:
- Escribirlo y pedir a otra persona que lo lea: un hijo o una hija, un hermano, un amigo cercano, el rabino. Escríbanlo en primera persona, que quien lee empiece con «Estas son las palabras de Marta para Raúl», y denle la víspera una copia en letra grande.
- Quedarse de pie junto a quien lee, y quizá decir ustedes la última frase.
- Escribir tres frases, no tres páginas. Dichas por un esposo o una esposa, unas pocas palabras pueden decir más que un discurso largo.
- Hablar más adelante, al mes o al año, cuando suele ser más fácil.
Contar un matrimonio sin hablar de uno mismo
Las palabras de una viuda o un viudo suelen irse hacia el «nosotros» (nuestra boda, nuestros viajes, nuestra casa), hasta que la persona se pierde dentro de la pareja, o dentro del duelo. Las dos cosas son verdad. Ninguna es el discurso.
- Empiecen antes de conocerse. Dediquen una frase a los años anteriores al matrimonio, o pidan una historia a un viejo amigo.
- Cuenten lo que solo ustedes vieron: cómo era ella a las seis de la mañana, la voz que él ponía para hablarle al perro, a qué le tenía miedo. Un detalle así vale más que toda la biografía.
- Lleven cada historia del «nosotros» hacia él o hacia ella. Pregúntense qué muestra de esa persona, y quédense con esa parte.
- Denle una frase a su propio dolor. «Todavía no sé vivir en una casa donde ya no lo oigo» es honesto, y basta. Después vuelvan a él.
- Si era gracioso, pueden reír. Si la risa fue parte de su matrimonio, una historia que haga sonreír a todos puede ser lo más verdadero que digan.
Un matrimonio largo, uno corto, un segundo matrimonio
- Después de cuarenta o cincuenta años, dejen las fechas que todos conocen y cuenten una mañana cualquiera: quién preparaba el café, qué se decía. Un matrimonio largo vive en sus costumbres.
- Después de un matrimonio corto, se llora también un futuro, y pueden decirlo. Sus padres perdieron a un hijo; una frase para ellos importa.
- En un segundo matrimonio, una parte de su vida perteneció antes a otros. Díganlo con generosidad («Durante treinta años antes de conocerme, Julio fue el esposo de Carmen y el padre de Diego y de Clara») y nombren a los hijos de cada matrimonio.
- En una familia reconstituida o ensamblada, acuerden antes quién habla, y dejen hablar a los hijastros y a los hijos de un matrimonio anterior si lo desean. También ellos perdieron a alguien.
Después de una enfermedad, o de una muerte repentina
Si ustedes también cuidaban (el pastillero, las noches, las salas de espera), bastan una o dos frases: «Los dos últimos años fueron hospitales y horarios de pastillas, y ella odió cada minuto en que tuvieron que cuidarla». Después vuelvan a la vida. Dejen fuera su propia entrega: todos la vieron. Agradezcan, en cambio, por su nombre a quienes ayudaron: la enfermera de la sala, la amiga que se quedaba la noche del jueves para que ustedes pudieran dormir. Si la muerte fue repentina, digan lo que pasó en una frase sencilla, y hablen de la vida.
Cuando escuchan los hijos
- Háblenles una vez, por su nombre: «Tomás, le gritas al árbitro exactamente como él».
- No les den una tarea. «Ahora eres el hombre de la casa» se dice con cariño, pero un niño oye un peso.
- Con niños pequeños, sean breves, y explíquenles antes lo que van a ver y oír. Cómo hablar de la muerte con los niños
- Con hijos adultos, repártanse los temas: ellos hablan del padre o la madre; ustedes, del compañero de vida.
Si hablan de una pareja
Cuando habla un hijo o un viejo amigo (a menudo cuando muere el segundo de los padres), cuenten el matrimonio como lo vieron desde fuera: cómo discutían en el coche, la canción que bailaban en todas las bodas. Y si el esposo o la esposa que queda está allí, mírenlo una vez.
Dos ejemplos breves
Para un esposo
Soy Marta, y fui la esposa de Raúl durante treinta y ocho años. Todos esos años llevó una libreta con cada película que vimos juntos y dos notas del uno al diez: la suya y la mía. Casi nunca coincidíamos. A mi película favorita le puso un cuatro, y lo defendió treinta años. La última anotación es de la semana antes de su muerte: él le puso un nueve, yo un seis, y por una vez el generoso fue él.Raúl, empecé una libreta nueva. No sé poner notas sin ti.
Para una esposa
Pilar leía siempre primero la última página de las novelas: no podía disfrutar una historia si estaba preocupada por cómo terminaba. En primavera, cuando ya no podía sostener un libro, le leía en el hospital, y me hizo empezar por el final.Pasó sus últimos meses asegurándose de que yo me las arreglara. Rotuló los interruptores del cuadro eléctrico y apuntó en el calendario de la cocina los cumpleaños de todos hasta el diciembre que viene.Pilar, ya leí la última página. El final sigue sin gustarme.
El shloshim, la azkará y el aniversario de fallecimiento
Al mes o al año, las palabras son más breves e íntimas: cómo fue el año sin él o sin ella, lo que aprendieron a hacer en su lugar. Qué decir en el aniversario de fallecimiento
En la tradición judía, el esposo o la esposa es uno de los siete familiares que guardan la shivá. El duelo por un cónyuge dura treinta días, el shloshim, desde el entierro; los doce meses son por un padre o una madre. Así, en la azkará del shloshim, la viuda o el viudo termina su duelo según la costumbre, mientras los hijos, de luto por su padre o su madre, lo siguen durante el año. Es una cuenta de costumbres, no de dolor. El año de duelo
Tampoco el Kadish por un cónyuge es una obligación, como lo es por un padre o una madre. Algunas comunidades lo dicen hasta el final del shloshim, y otras lo prolongan cuando no hay hijos que lo digan; consulten al rabino.
Carta a mi esposo fallecido, a mi esposa fallecida
Muchas viudas y viudos siguen escribiendo a quien se lo contaban todo: en el aniversario de bodas, en su cumpleaños, en el Día del Padre si era el padre de sus hijos. El método es el mismo que en una carta a un padre o una madre que falleció; lo que entra en ella son las pequeñas noticias de una vida compartida: el calentador que por fin se rompió, la decisión que tuvieron que tomar solos y que habrían querido discutir.
Algunos guardan sus cartas y sus palabras del funeral en una página de recuerdo; una vez abierta la página, los amigos de la pareja pueden enviar allí sus historias. La familia aprueba cada recuerdo antes de que aparezca.
Un solo lugar para todo lo que queda
Una página de recuerdo que ustedes llevan: la historia de una vida, fotografías, grabaciones y los recuerdos que envían la familia y los amigos y ustedes aprueban. Un aviso antes de cada yahrzeit si la página tiene activadas las fechas hebreas, y todo se puede descargar en cualquier momento. Crear y completar la página es gratis. Es privada (solo la ven ustedes) hasta que la abran a los demás con un único pago: 99 ₪ en Israel, 39 US$ en el resto del mundo. Sin suscripción.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto deben durar las palabras para el funeral de mi esposo?
De tres a cinco minutos, unas 400 a 600 palabras; dos o tres si otra persona las lee por ustedes.
¿Qué frase decir en el aniversario de fallecimiento de mi esposo?
Una que solo pueda decirse de él: lo primero que hicieron este año sin él, o una costumbre suya que ustedes mantienen. Una frase hecha serviría para cualquiera.
¿Y si se trata de un ex esposo?
Pueden escribirle una carta, sobre todo si tuvieron hijos juntos: hablen de los años compartidos y de lo que les dejó a ellos. Si piensan hablar en el funeral, háblenlo antes con su familia actual.
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